Catania, mucho más que una ciudad…

di Carolina Parker
 


En las costas de Sicilia crece una ciudad del lado que nace el sol, se baña con las aguas del mar Jónico y se extiende hasta los pies de un mítico y caprichoso volcán. Es Catania, la ciudad que no se rinde.
 


Para valorar esta tierra llena de contrastes en toda su dimensión y comprender la fortaleza de carácter de su gente, hay que tener presente que desde que empezó a escribirse su historia, ha enfrentado estoicamente la amenaza de continuas invasiones y ha tenido que sobrevivir a terribles catástrofes naturales, que en más de una oportunidad hicieron dudar que se pudiera volver a levantar. Por siglos ha coleccionado dramáticos episodios de encuentros y desencuentros que nos han dejado un rico legado artístico y cultural, pero por encima de todo nos ha dado un ejemplo de persistencia, tolerancia y capacidad de regeneración.
 


 

En el año 2002, la Unesco declaró a Catania como patrimonio histórico de la humanidad y actualmente muchos de sus monumentos están siendo restaurados para llevarlos a su antiguo esplendor.


Según se ha establecido, su origen se remonta al 730 a.C. cuando llegaron los griegos por primera vez y fueron ellos quienes que marcaron el inicio de una larga cadena de invasiones y conquistas. Más adelante vendrían normandos, bizantinos, árabes y españoles, para
apoderarse de estas tierras dejando a su paso huellas que todavía se mantienen en la memoria colectiva y que abrieron el camino para el encuentro de diferentes culturas que se amalgamaron hasta consolidar la idiosincrasia catanesa.

 


El lugar más emblemático de la ciudad es el Centro Histórico y su corazón es la Piazza Duomo o Plaza Duomo, en el pasado denominada Platea Magna y también Piano di Santa Agata para honrar a la patrona de la ciudad y que desde tiempos remotos ha servido como escenario de diversas expresiones religiosas, artísticas, artesanales y comerciales.
En gran parte, las edificaciones que componen este complejo arquitectónico deben su armonía y belleza al arquitecto y abad G. B. Vaccarini, quien fervorosamente se encargó de supervisar la reconstrucción de los monumentos, dándoles el sentido de continuidad y ritmo del que gozan hoy, después que el terremoto de 1693 devastara la ciudad.


La Fuente del Elefante se erige como eje central de la Plaza y es el símbolo de la ciudad. Esta original obra fue concebida por el propio Vaccarini, quien integraría diversos elementos hasta lograr un conjunto que representaría la esencia de la ciudad. Se dice que el elefante y el obelisco datan de la era romana y que el artista se inspiró en el patrón del Elefante de Minerva de Bernini que se encuentra en Roma.
 



A pocos pasos está El Palacio Municipal, sede del gobierno local. Entre los puntos focales de su estructura resalta su gran balcón, tribuna desde la que se podía ver una de las entradas de la ciudad y que en todas las épocas ha permitido a los dignatarios del momento, disfrutar desde una posición privilegiada las diferentes manifestaciones que tienen lugar en la Plaza.
 

 



La Catedral se destaca como una auténtica joya del barroco italiano, rica de ornamentos y ritmo estético. Está consagrada a la veneración de Santa Agata, la joven virgen que fue sometida a grandes martirios y sacrificó su vida antes de renunciar a su fe. En su interior podemos apreciar frescos y pinturas alegóricas, pero quizás lo más significativo es que allí descansan los restos mortales de la Santa y los de otras figuras relevantes, tal como el gran músico catanés Vincenzo Bellini y diferentes miembros de la familia real aragonesa.
 

 




No muy distante de la Plaza Duomo están los Arcos de la Marina, antiguas arcadas que fueron proyectadas para el uso ferroviario durante el tiempo del Reino de las Dos Sicilias para ampliar el sistema de comunicaciones de la ciudad. En la actualidad su permanencia o remoción está siendo tema de una gran polémica.

 

 



La avenida más ilustre de Catania es la Vía Etnea, que se pierde en la distancia hasta encontrarse con otras arterias que nos pueden llevar hasta las cimas del Etna. Esta vía ha sido ampliada recientemente utilizando enormes bloques de piedra lávica y convertida ahora en un gran boulevard, aquí se encuentran tiendas por departamento, restaurantes, parques, instituciones bancarias, sedes diplomáticas y oficinas de gobierno.

 

 

 



Recorriendo esta vía descubriremos El Jardín Bellini, antigua Villa convertida en refugio de paz y esparcimiento dentro de esta convulsionada ciudad. Con sus 70.942 m² y escondido entre dos colinas, su explanada es un verdadero oasis desde donde se pueden tener hermosas vistas del mar, la ciudad y del Monte Etna.


 

Muy cercano está el Edificio del Correo que empezó a ser construido en 1922, fecha en que fueron descubiertos vestigios de una necrópolis y una cisterna pertenecientes a la época del Imperio Romano, al igual que otras estructuras como termas y anfiteatros, que a pesar de estar semisepultas, todavía se pueden admirar en diferentes puntos de la ciudad.



El Teatro Massimo Bellini es otra pieza importe del patrimonio arquitectónico de Catania. Poseedor de una gran acústica, su diseño tiene influencias del estilo Segundo Imperio impuesto por Charles Garnier, arquitecto de la Opera de París y del Casino de Monte Carlo. Su inauguración en 1890, estuvo a cargo del propio Vincenzo Bellini con la ejecución de su legendaria obra Norma.
 

 


Pero más allá de sus reliquias arqueológicas, sus tesoros arquitectónicos, su historia, su arte y sus bellezas naturales, Catania es una ciudad que mira al futuro con la experiencia del pasado y brinda un inmenso caleidoscopio de elementos que despiertan la curiosidad por descubrir lo que está en ebullición entre el mar y la montaña.

Su gente le invita a compartir sus tradiciones , manifestaciones culturales, gastronomía, ferias artesanales, mientras lo contagia con su energía, hospitalidad, sencillez y gran corazón, poniendo a su disposición una distinguida selección de hoteles que van desde los cinco estrellas con adecuados centros de convenciones hasta instalaciones para presupuestos limitados.
 

 

 



En esta singular ciudad también se pueden vivir las emociones de la vida nocturna, porque las noches de Catania son mucho más largas, alegres y seguras de lo que se pueda imaginar, especialmente en verano cuando se convierte en un paraíso para los noctámbulos que pueden d
ivertirse en los diferentes locales hasta acercarse el amanecer.
 

 

 




Si ama el mar se encontrará deleitado con las aguas cristalinas de la riviera catanesa y en el sector denominado “La Playa” se puede hacer uso de modernos y cómodos balnearios, provistos con un buen servicio de transporte público o, si prefiere, disfrutar de paseos en barca a lo largo de sus 70 km. de costa.

 

 


Si gusta de la vida campestre descubrirá que la naturaleza es muy variada y está privilegiada por un clima mediterráneo. Esta ha sido una de las razones por lo que se han desarrollado instalaciones de agroturismo en el Piedimonte Etneo, que por sus características se colocan entre las primeras del sector de la región siciliana. Aquí se pueden experimentar todas las ventajas de la campiña e incluso puede aprender a hacer vino mientras se relaja del estrés de la ciudad en un ambiente de placer y bienestar.



Entre el mar y el cielo, dejando la ciudad a nuestras espaldas se levanta el majestuoso Etna.

 

 


Con su perenne fuego interno y su manto blanco en invierno ha sido el eterno testigo y muchas veces artífice del destino de Catania. Su parque se puede visitar durante todo el año y en sus cumbres, cerca de sus humeantes cráteres, se admira un imponente panorama que lo dejará sin aliento. Desde sus alturas se puede apreciar la costa de la Sicilia Oriental en toda su plenitud: desde Siracusa en el sur hasta donde la isla se confunde con tierra firme italiana hacia el norte.

Sin duda, una imagen que lo ayudará a comprender porque esta ciudad ha sido siempre tan deseada y porqué hoy progresa con horizontes tan infinitos como sus potencialidades.